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Hoy offtopic. Hablamos con la Dra. Abadía del ser, del ego, y de la inercia de la vida que hace que hagamos las cosas sin pensar si es realmente lo que queremos.
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Con Beatriz hablamos sobre este mundo en el que la velocidad y la productividad parecen ser la medida del éxito. Nos levantamos cada día con una rutina preestablecida, con una lista de obligaciones que cumplir, con una imagen que mantener. En muchas ocasiones, seguimos adelante sin cuestionar si realmente estamos viviendo la vida que queremos o simplemente nos dejamos llevar por la inercia de lo que se espera de nosotros.
Nuestra identidad se construye en gran parte por nuestras experiencias, nuestros valores y nuestras creencias, pero también por la percepción que los demás tienen de nosotros y, sobre todo, por la imagen que queremos proyectar. Ahí es donde entra en juego el ego. Nuestro ego nos dice quiénes somos según lo que hemos logrado, lo que poseemos y lo que los demás piensan de nosotros. Nos impulsa a seguir ciertos caminos no porque los hayamos elegido desde nuestra esencia, sino porque hemos internalizado que así debe ser.
Pero, ¿qué pasaría si nos detuviéramos un momento a reflexionar? Si dejáramos de lado esa necesidad de cumplir con expectativas externas y nos preguntáramos con honestidad: ¿esto es realmente lo que quiero?
Desde pequeños aprendemos a actuar en función de lo que la sociedad espera de nosotros: estudiar, trabajar, formar una familia, tener éxito. Estas expectativas se convierten en guías que seguimos sin cuestionar demasiado. Con el tiempo, lo que en algún momento pudo haber sido una elección consciente se convierte en un patrón de comportamiento automático.
El problema es que cuando el ego toma las riendas, comenzamos a actuar no desde el deseo genuino, sino desde la necesidad de validación. Nos preocupamos más por lo que los demás piensan que por lo que realmente sentimos. Y así, seguimos caminos que nos han sido impuestos, nos forzamos a encajar en moldes ajenos y perdemos contacto con nuestra verdadera esencia.
Seguir la inercia sin cuestionarla nos puede llevar a una vida de insatisfacción disfrazada de éxito. Podemos alcanzar metas que parecen significativas desde fuera, pero que en el fondo no nos llenan. Nos aferramos a trabajos que no nos apasionan, relaciones que no nos nutren y hábitos que no nos hacen felices, solo porque romper con ellos nos genera miedo. Miedo al cambio, al juicio, al fracaso. Miedo a descubrir que quizás hemos estado viviendo una vida que no es realmente nuestra.
Romper con la inercia no es fácil. Requiere valentía para mirarnos de frente y hacernos preguntas incómodas: ¿Lo que estoy haciendo me hace feliz? ¿Sigo este camino porque realmente lo deseo o porque es lo que se espera de mí? Si nadie estuviera observando, ¿seguiría haciendo lo mismo?
El primer paso es parar. Darnos el tiempo de estar con nosotros mismos sin distracciones, sin el ruido del mundo exterior diciéndonos quién deberíamos ser. A través de la introspección, la meditación, la escritura o cualquier otra herramienta de autoconocimiento, podemos comenzar a diferenciar entre lo que queremos de verdad y lo que nuestro ego nos dice que debemos querer.
Luego, hay que atreverse a cambiar. Y el cambio no siempre significa renunciar a todo, sino encontrar maneras de alinear nuestra vida con nuestra esencia. Quizás es hacer pequeños ajustes en nuestra rutina, decir "no" a ciertas expectativas o tomar decisiones que, aunque parezcan arriesgadas, nos acercan a una vida más auténtica.
Cuando dejamos de actuar por inercia y empezamos a elegir conscientemente, encontramos una libertad que el ego nunca podrá darnos. Porque en el fondo, lo que realmente buscamos no es validación, sino autenticidad. Y esa solo se encuentra cuando nos atrevemos a ser quienes realmente somos, sin miedo a romper con lo establecido.
Así que, la próxima vez que avancemos sin pensar. Preguntémonos si estamos siguiendo nuestro propio camino o el que nos han marcado. Porque al final, la vida es demasiado corta para vivirla en piloto automático.
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Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos días!