Hace muchos, muchos años, en Noruega, vivió una pequeña niña de cabello rubio y ojos azules que recogía ramitas para su familia durante el invierno. A esa niña su madre le contaba cuentos tradicionales sobre ogros y ogresas que se alimentaban de sangre cristiana. Esta pequeña, de nombre Brynhild Paulsdatter, no sabía que al crecer no se convertiría en la princesa de su propio cuento, sino en la ogresa misma que tanto había temido.