Hoy en día, la exposición constante a estímulos emocionales a través de las redes sociales está adormeciendo nuestra compasión y encogiendo nuestro amor por los perdidos. Cuanto más vemos situaciones de sufrimiento, más difícil se vuelve preocuparnos y hacer algo al respecto. Tristemente, esto resulta en personas que quedan sin alimentar, gente confundida sin aconsejar y gente perdida sin alcanzar. La compasión verdadera siempre exige acción concreta. Cada acto de generosidad que realizamos desata un efecto dominó que puede cambiar el curso de la historia y, en el proceso, transformar nuestro propio corazón.


