Inmediatez, idolatría y el desprecio por la forma
Para entender por qué hoy se habla con menos rigor y más vulgaridad no basta con señalar síntomas. Hay que observar las fuerzas culturales que lo están incentivando.
La primera es evidente: la cultura de la inmediatez.
Vivimos en una época que no tolera la espera. Todo debe ser rápido, directo, impactante, el mensaje que no se entiende en cinco segundos se descarta, la idea que exige atención se considera sospechosa.
A esta cultura de la prisa se suma otra tendencia decisiva: la idolatría de lo popular sin exigencia de forma, rigor o ejemplaridad.
Hoy la figura pública no se valora por elevar el lenguaje, sino por rebajarlo.
Se premia al que impacta o “conecta”, no a quien da estructura.
La fama ya no está asociada a disciplina o excelencia sino a visibilidad, provocación y polaridad.
Esto tiene una consecuencia y es que nos lleva a la vulgaridad y el empobrecimiento de la cultura.